martes, 21 de abril de 2015

María del exilio


Querida María, qué te fuiste al sur, donde el tiempo camina al revés, en el sur donde usan otra voz, tan lejos que es una isla en la inmensidad de la existencia, nos dejaste acá, en calor, donde los negros vaqueros. Te has ido para no regresar, hasta otra temporada, tal vez. María Milagros…tu ausencia pesa como un día nublado acompañado de brisa.

Un cuarto de siglo casi completado, y una vida en ellos que te llevas, pienso, que mejor es contar los encuentros, las caras, las manos, los abrazos, los amigos, las despedidas, y así, la existencia no es nada comparado con los números, así queda un infinito que ni el más frío y comprometido cálculo de los días podría siquiera imaginar.

María que te fuiste a la isla, que te exiliaste. Ahora ¿de dónde eres?, ¿tienes una patria?, ¿a dónde te dejas?, no lo sé, porque ya no eres de acá, tampoco de allá, no sé, creo que debes construir tu nuevo lugar, toma de esto y de lo otro, de tu cerca y lo más lejos, inventa un nuevo país, crea el tiempo y el espacio para ti, porque no sé de dónde eres ahora; pero estoy muy seguro de donde te encuentras, recurro allí cada vez que te necesito, sé que no te irás de mis lugares ni de los recuerdos.

Milagros, por un año menos de los que vivirás, de los que viviremos, me alegro por tus años, pienso en tu momento y la felicidad que puedes albergar, por el camino recorrido te reconozco, te localizo dentro de mi vida, en la vida de los demás,





Ansiedad de sol

Los días grises volvieron
Las canciones cada vez son más tristes
La melancolía se escurre por mis ojos
Quiero a mi abuela que me cuenta historia

Necesito ir al sur, tal vez allí sea diferente el clima
Las nubes pesan más sobre mi, no veo nada
No hay ni un pedazo de cielo azul y sol para mi
El olor de mi casa, de la cocina, del sur.

Me da por llorar a todas horas, algo pasa
La lluvia que no me entiende y cae
Las aves que cantan, pero no me dicen nada
En el sur es fácil hablar con ellas

Las espíritus andan por todos lados
Mi abuelo es un abejorro
Sigue por acá zumbando, hablando
Mi abuela fue una mariposa.

Cuando hablamos en lo íntimo
Usamos nuestra lengua antigua
Que no es de bárbaros, es de gente
Somos nosotros, los que reímos.

Mi piel agoniza sin el sol, sin la vida
Como que pesa más vivir en lo alto
Ojala fuera aire para viajar
Aire del sur, en noche de luna

Cuando la luna llena iluminaba todo
Caminaba entre espíritus y cuentos
Las hojas, el ahorcado en el patio
Los obispos que ofician misa en la noche

En mi casa podía quedarme inmóvil
Recostado, porque andan por allí
Todos están cerca, nadie está solo
Mi abuela vive en el gran árbol.

Las abuelas del sur no viven solas
Siempre hay alguien con ellas
Animal, planta, espíritu, calor
Nunca se sabe, sino hasta que deciden irse

La nostalgia se ha convertido en mi piel
Vivo del recuerdo, estoy exiliado
Algo pasó que no he vuelto al sur
Pero no sé qué fue, no lo veo

Tengo tantas ganas de llorar
Por todo, hasta por un olor en la calle
Mis ojos están húmedos, no recuerdo desde cuándo
Mi piel es pálida sin el sol

No sé medir letras ni versos
En el sur sólo fluimos cada vez
No se piensan las palabras
Hablamos con alegría

Y cada vez lloro más, algo quiero
No lo encuentro, debe ser verdad
Porque hasta un rayo de luz
Me lleva a extrañar, lloro y soy gris

¿De verdad necesito a un hombre para amar?
¿Qué tanto deseo darle mi mano?
¿quiero amar, o sólo es un pretexto?
Cada vez organizo la boda y la casa

De tiempo en tiempo planeo mi vida
Con alguien más, sin saber quién
Cada vez más seguido acabo llorando
¿De verdad necesito amar?

San Isidro pasó ayer y trajo agua
Agua para el sur, para el norte
Agua para mi alma y frio abundante
No recuerdo el pasto en el que jugaba

La gran inundación era puntual
Las huellas en el agua del Dios
El miedo en las personas
Los ríos del sur cantan o callan