sábado, 4 de junio de 2016

Invocación

Luna de los creyentes, tú que lo puedes ver. 

Dile que lo espero aquí en el Nilo, en Luxor

Dile que no tarde  

Porque desespero, quisiera conocerle, saber cómo es él.


Luna del Islam manda tu luz hacia él. 

Que pueda decir mi nombre. 

Que yo conozca el suyo, así podré invocarlo, 

y decirle al viento que le susurre al oído

Que lo espero en en el Nilo. En el zoco en el gran mercado. 

No puedo decir que los informantes de Sahagún se equivocaron, 

Porque lo busco como si fuera día de mercado.

En cada ojo, en cada ceja, alzo la mi anda y trato de encontrarlo, 

tal vez se perdió en la ruta. 

Ay luna de los creyentes dile que lo espero. 

Pero no estoy sentado, me muevo, camino, vuelo, navego hasta encontrarnos

En algún lugar.

martes, 21 de abril de 2015

María del exilio


Querida María, qué te fuiste al sur, donde el tiempo camina al revés, en el sur donde usan otra voz, tan lejos que es una isla en la inmensidad de la existencia, nos dejaste acá, en calor, donde los negros vaqueros. Te has ido para no regresar, hasta otra temporada, tal vez. María Milagros…tu ausencia pesa como un día nublado acompañado de brisa.

Un cuarto de siglo casi completado, y una vida en ellos que te llevas, pienso, que mejor es contar los encuentros, las caras, las manos, los abrazos, los amigos, las despedidas, y así, la existencia no es nada comparado con los números, así queda un infinito que ni el más frío y comprometido cálculo de los días podría siquiera imaginar.

María que te fuiste a la isla, que te exiliaste. Ahora ¿de dónde eres?, ¿tienes una patria?, ¿a dónde te dejas?, no lo sé, porque ya no eres de acá, tampoco de allá, no sé, creo que debes construir tu nuevo lugar, toma de esto y de lo otro, de tu cerca y lo más lejos, inventa un nuevo país, crea el tiempo y el espacio para ti, porque no sé de dónde eres ahora; pero estoy muy seguro de donde te encuentras, recurro allí cada vez que te necesito, sé que no te irás de mis lugares ni de los recuerdos.

Milagros, por un año menos de los que vivirás, de los que viviremos, me alegro por tus años, pienso en tu momento y la felicidad que puedes albergar, por el camino recorrido te reconozco, te localizo dentro de mi vida, en la vida de los demás,





Ansiedad de sol

Los días grises volvieron
Las canciones cada vez son más tristes
La melancolía se escurre por mis ojos
Quiero a mi abuela que me cuenta historia

Necesito ir al sur, tal vez allí sea diferente el clima
Las nubes pesan más sobre mi, no veo nada
No hay ni un pedazo de cielo azul y sol para mi
El olor de mi casa, de la cocina, del sur.

Me da por llorar a todas horas, algo pasa
La lluvia que no me entiende y cae
Las aves que cantan, pero no me dicen nada
En el sur es fácil hablar con ellas

Las espíritus andan por todos lados
Mi abuelo es un abejorro
Sigue por acá zumbando, hablando
Mi abuela fue una mariposa.

Cuando hablamos en lo íntimo
Usamos nuestra lengua antigua
Que no es de bárbaros, es de gente
Somos nosotros, los que reímos.

Mi piel agoniza sin el sol, sin la vida
Como que pesa más vivir en lo alto
Ojala fuera aire para viajar
Aire del sur, en noche de luna

Cuando la luna llena iluminaba todo
Caminaba entre espíritus y cuentos
Las hojas, el ahorcado en el patio
Los obispos que ofician misa en la noche

En mi casa podía quedarme inmóvil
Recostado, porque andan por allí
Todos están cerca, nadie está solo
Mi abuela vive en el gran árbol.

Las abuelas del sur no viven solas
Siempre hay alguien con ellas
Animal, planta, espíritu, calor
Nunca se sabe, sino hasta que deciden irse

La nostalgia se ha convertido en mi piel
Vivo del recuerdo, estoy exiliado
Algo pasó que no he vuelto al sur
Pero no sé qué fue, no lo veo

Tengo tantas ganas de llorar
Por todo, hasta por un olor en la calle
Mis ojos están húmedos, no recuerdo desde cuándo
Mi piel es pálida sin el sol

No sé medir letras ni versos
En el sur sólo fluimos cada vez
No se piensan las palabras
Hablamos con alegría

Y cada vez lloro más, algo quiero
No lo encuentro, debe ser verdad
Porque hasta un rayo de luz
Me lleva a extrañar, lloro y soy gris

¿De verdad necesito a un hombre para amar?
¿Qué tanto deseo darle mi mano?
¿quiero amar, o sólo es un pretexto?
Cada vez organizo la boda y la casa

De tiempo en tiempo planeo mi vida
Con alguien más, sin saber quién
Cada vez más seguido acabo llorando
¿De verdad necesito amar?

San Isidro pasó ayer y trajo agua
Agua para el sur, para el norte
Agua para mi alma y frio abundante
No recuerdo el pasto en el que jugaba

La gran inundación era puntual
Las huellas en el agua del Dios
El miedo en las personas
Los ríos del sur cantan o callan

lunes, 12 de agosto de 2013

Canuta

Mi abuela canuta no eran tan vieja, pero sobrevivió a sus hermanas las Marías quienes fallecieron cuando cumplieron 34 años; algunos dicen que la abuela Na Marga hizo un voto para que no pasaran más allá de esa edad, nunca sabremos realmente qué pasó, pero pasó por la agonía a la edad fijada y por alguna razón le extendieron otra oportunidad, ninguna de las tías abuelas vivió, a ninguna de ellas conocí.


La última vez que nos vimos, tratamos de establecer la genealogía y el parentesco de todos sus familiares, fue difícil porque cambiaban los nombres, los lugares, las lenguas, los recuerdos, mi abuela Canuta como le decíamos de cariño era la única que conocía esa trama tan compleja y era el puente hacia otros familiares no conocidos, en esa ocasión nos contó del papá de su abuela que podía volar largas distancias para ir a visitar a sus hijos, o de la abuela aquella que se metía en tus sueños y te esclarecía el pensamiento; Na Marga podía hacer todo eso, pero su principal cualidad era transformarse, creo que fue la última que conoció los antiguos secretos para convertirse en ave y leer la mente. Mi abuela Canuta no supo de eso, desde muy temprana edad trabajó, no tuvo tiempo para las antiguas artes.


Alguna vez le pregunté sobre las lenguas que hablaba y me dijo en castellano que ninguna otra, tiempo después la escuché usar otros idiomas con gran habilidad, no insistí en saber sus motivos, pero eran parte de su pasado, uno lleno de historias de caminos, trenes, vías, aparecidos, brujas, cantinas, borrachos y señoras, siempre tenía algo que contarte porque lo había vivido todo, en el puerto conoció a las devotas de la Niña Blanca y sus respectivos guardianes, vio todo, desde que atrapaban al sapo hasta que le cocían la boca para callar a quien hubiera sido requerido.


No era la abuela maternal que teje en un sillón y usa lentes, solo al final la vi envejecida, espero heredar esas cualidades a veces juego a que me pesa la edad, pero lo cierto es que mi abuela no era indefensa o vulnerable, siempre negociaba todo, así transportó todo cuanto quiso, los últimos días fui a verla, me costó trabajo reconocerla, no era nada de lo que conocí, pero mi abuela aún me sonreía en esas circunstancias. Nunca me gustó su nombre porque siempre creí que era trágico nadie debe llamarse Amparo, porque en momentos como este, cuando ha partido ya, no me queda mucho.

martes, 23 de julio de 2013

Una Vez

Cuando pensabas una canción
Yo te la canté en voz baja
Quería un abrazo nada más
Lo sabías, no había que hablar

El frío y la lluvia nos ponen mal
Pero estábamos juntos
Así no podía contra nosotros
Era verano donde estuviéramos

Tan extremos los dos
Que básicamente lo mismo
¿Dónde encuentras tu otra parte?
yo lo sé, estuvimos allí una vez

Noviembre acentúa el paisaje
Hace visible todas las impurezas
La lluvia lo cubre todo, el frío llora
Y me recuerda a ti y a mi juntos.

Si hubiera segundas oportunidades
Cometería los mismos errores
Volvería a perder la cabeza
Me permitiría soñar contigo.

Es mi naturaleza que la humedad
No es amiga, el frío y la lluvia
Apagan mi calor, mis ganas de todo
Espero que salga el sol, uno para mi.

Pan

Hace muchos años cuando era imposible calcular la edad de Nila ella caminada por el sur, todo el tiempo iba y venía siempre con algo, y yo con ella escuchándola, cada vez me contaba una historia diferente, me hablaba de las plantas, los monos y los peces que antes fueron personas, de los secretos en las ceibas, cada espacio era mágico. Siempre he tenido problemas con el clima, lo puedo oler y así saber qué siente, había una época del año en que parecía que todo se detenía como un gran sufrimiento esparcido hasta en la última hoja de cada árbol, era de esas ocasiones en que la desesperación emanaba de mi, me daba por llorar porque no podía explicar la ausencia de algo esa sensación en el estómago. Entonces Nila quien sabía lo que me ocurría me llamaba a su casa oscura donde todo se pierde en un instante y te hablan al oído, dicen tu nombre, no era un lugar solitario; de pronto empezaba a recordar a sus tíos, sus abuelos, los hermanos que murieron, la guerra; esa penumbra que era su cocina servía para acomodar el pan de muerto, para contarlo, y darles nombres y hablar con ellos. Cada uno diferente, único con ese sabor que sólo una vez al año podía tener el pan. La muerte nunca fue mala ni podía causar temor por eso podía desmembrar extremidad por extremidad las partes del muñeco, sus ojos de frijol o de azúcar eran los primeros, la pierna izquierda, una mano, un brazo, al final siempre la cabeza, pedazo por pedazo podía saborear y compartir con ellos, los desconocidos de la casa de Nila y en ese lapso podía olvidar que era noviembre, que hacía frío, que había poco sol y que llovía afuera, en ese momento podía ir a otro mundo… Una mañana estaba sentado en la puerta donde me daban los rayos del sol, cuando llegó Nila y se sentó conmigo, estiró su brazo y me mostró sus arrugas, me dijo: ya soy viejita, no me di cuenta cuando me arrugué, ahora soy como mi abuelita Tila, ya soy viejita, ¿qué se le va a hacer? Era verdad ese día la vi y algo le había ocurrido porque en una sola noche los años llegaron a ella y entonces podías adivinar su edad, mi abuela era una anciana y su principal temor no era morir sino sobrevivirnos a todos…tal vez sea posible, nació dentro de una ceiba en el sur.

Encuentros cercanos

Un día inesperado el de hoy
Para ver tus ojos ten de cerca
Saberte caminando frente a mí
Tu sonrisa burlona y sincera

Te juro que te había olvidado
Ya no me dolía tu ausencia
Se volvió tu recuerdo en nada
Solo eras una imagen difusa.

De pronto apareces así
Irrumpes en mi vida reciente
Sonríes, me miras, y entonces
Olvido quien soy, me pierdo.

En tu totalidad, con tus sombras
Con tu cuerpo, sin más.
Yo inmóvil viajo en el tiempo
Sueño nuestra vida juntos

No sé si caminé o corrí a tus brazos
Tu olor, el cuerpo, nuestras manos
Autómatas que recorrieron todo
Los ojos grandes que siempre vi.


Ahora te recuerdo nuevamente,
Sin esperarlo me dijiste al oído
Que te morías por verme
Porque yo no necesitaba expresarlo

Las piernas solemnes del teatro
Siempre fueron lugar nuestro
Las luces, los llamados, el maquillaje
El escenario era para los dos.

Se me había olvidado tu aroma
Ahora volvió íntegro como
La última vez cuando bailamos
Para no vernos más y recordarnos siempre